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Esther Torrado: “La crisis y el turismo son la tormenta perfecta para la prostitución”

Esther Torrado: “La crisis y el turismo son la tormenta perfecta para la prostitución”

Entrevista publicada a eldiario.es

La profesora e investigadora de la ULL y directora del estudio ‘Diagnóstico de la prostitución de mujeres en Canarias’ señala en esta entrevista que “Tenerife y Gran Canaria empiezan a convertirse en destinos de turismo sexual”

Torrado destaca que la mayoría de los niños ya no reciben educación sexual ni en el colegio ni en casa, pero sí son consumidores de pornografía en internet durante la adolescencia, lo cual contribuye a normalizar la violencia contra las mujeres

La investigadora incide en la importancia de promover políticas públicas, hasta ahora inexistentes, de atención a esas mujeres, de prevención y de disuasión de la demanda

“Los hombres que se prostituyen son un mito, como que las mujeres se prostituyen voluntariamente. La necesidad no es un factor de voluntariedad”

Esther Torrado, profesora investigadora en la Universidad de La Laguna (ULL) e integrante del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres (IUEM), iniciará en breve la segunda fase del estudio Diagnóstico de la prostitución de mujeres en Canarias, un análisis propuesto por el Instituto Canario de Igualdad y cuyas primeras conclusiones fueron publicadas el pasado mes de diciembre.

El equipo liderado por Torrado se entrevistó con decenas de mujeres prostitutas en Canarias, las entrevistó y recogió metódicamente todos los datos necesarios para retratar lo más fielmente posible cómo es esa actividad en el archipiélago, quiénes están atrapadas en ella y por qué razones. Las conclusiones, trasladadas ya al Gobierno de Canarias, señalan que la prostitución comienza a verse como algo normal, y no como una forma de violencia contra las mujeres.

Una de las conclusiones que se han extraído del estudio es que Canarias se está convirtiendo en un destino de turismo sexual. ¿Fueron solo titulares en los medios o es una conclusión incontestable arrojada por este estudio?

En realidad casi todas las zonas cuya actividad principal es el turismo de masas suelen tener prostitución. Lo vemos en Baleares, en el Levante y en Canarias lo estamos empezando a ver de forma importante. Tiene bastante que ver con el tipo de actividad a la que nos dedicamos y también con el tipo de turismo que atraemos, que es de masas, sol y playa. Antes, otros destinos (mayoritariamente en el norte de África, en Asia) eran elegidos por muchos visitantes, fundamentalmente hombres. Pero la conflictividad, especialmente en Asia y en África, tiene su reflejo en los datos de ocupación en Canarias. Ha aumentado el turismo, pero también, junto a la crisis, ha aumentado la prostitución de mujeres.

¿Cómo se puede evitar que esa tendencia continúe?

El turismo es algo bueno, da riqueza y la posibilidad de que otras personas conozcan nuestro entorno. Pero, evidentemente, si no hay una legislación que penalice la compra de sexo y, por otra parte, no se dan alternativas a las mujeres que están sufriendo la crisis, mujeres vulnerables y mujeres de procedencia extranjera, pues se produce la tormenta perfecta: la demanda que genera la oferta. Lo vemos en islas como Gran Canaria y Tenerife, pero no es así en islas como El Hierro, La Gomera o La Palma, que en estos momentos no están siendo destino de ese tipo de turismo sexual. Turismo de masas, con crisis y con falta de políticas públicas de prevención y atención a las mujeres son factores que desencadenan la tormenta perfecta. Aun así, creo que es una conclusión parcial, es decir, el objeto de estudio de la investigación no es el turismo sexual, sino la prostitución de mujeres en Canarias.

Otra de las conclusiones del estudio es que la prostitución se ha normalizado. ¿Qué quiere decir exactamente: la sociedad ve normal la prostitución?

Es algo muy parecido a las noticias del atentado de esta semana [en alusión a la bomba de Mánchester]. Si la sociedad se acostumbra a ver la violencia acaba asimilándola como algo normal. En el asunto de la prostitución hay muchos elementos que influyen, desde mi punto de vista. Uno de ellos es que no es lo mismo ahora que en los años 80. El perfil de mujer en situación de prostitución y de hombre demandante ha ido cambiando. Con la globalización y con la internacionalización, las redes de tráfico y trata operan fuera y dentro, y la prostitución es ya el segundo negocio más lucrativo del mundo. Además, hay una cuestión que es evidente, y es que España no es un país (ni Canarias una comunidad autónoma) que sea conocido por hacer una gran inversión en políticas públicas de educación para la ciudadanía ni de educación sexual. Cabe recordar que hace unos años, cuando el PP entró en el Gobierno, una de las primeras cosas que recortó fue precisamente eso, y una de las partidas que se ha reducido en casi todo es la de prevención. Nos damos cuenta de que hace ya aproximadamente 20 años que las tecnologías de la información y de la comunicación han entrado en todas las casas y ya no hay un niño o niña que no tenga un móvil con internet. Vemos cómo los chicos y las chicas, por un lado, no reciben educación sexual ni en la familia ni en el sistema educativo, y por otro, que están aprendiendo la sexualidad a través de las imágenes violentas en la tele y de la pornografía en internet. Muchos chicos acceden desde muy temprano a esas imágenes y normalizan esa violencia y la quieren reproducir, poner en práctica. De hecho, el aumento de la demanda de prostitución en jóvenes tiene una alta relación con el consumo de pornografía.

En cuanto al perfil del demandante, dice el estudio que no hay uno concreto. ¿A qué se debe esa dificultad de definición?

El estudio que vamos a iniciar va dirigido precisamente al demandante de prostitución. ¿Por qué está tan oculto? El demandante puede ser mi marido, mi hermano, mi padre, mi compañero… El único factor de riesgo para ser demandante de prostitución es ser hombre, mientras que el factor de riesgo para estar en prostitución es ser mujer en situación de vulnerabilidad. Es un fenómeno que entre los hombres está normalizado y jurídicamente no está penalizado. El hombre puede demandar prostitución del tipo que sea y sabe que no va a tener unas consecuencias jurídicas, aunque tampoco es una actividad legal, es alegal. Normalmente el sujeto más invisibilizado del sistema prostitucional, si te fijas, es el demandante. En las noticias o en las películas, por ejemplo, siempre aparece una mujer semidesnuda, con tacones, ante la policía, pero nunca aparece la imagen de un demandante, con lo cual están altamente inocentados o higienizados, porque saben que sus actos no tienen consecuencias.

A la hora de realizar el estudio, de las entrevistas con las mujeres, ¿qué es lo que más le ha llamado la atención o alguna característica de esas mujeres que quiera destacar?

Hay una cuestión que mencionaría, aunque no me llama la atención porque ya llevo muchos años investigando este asunto, desde la época de finales de los 80, donde la mayor parte de las mujeres en prostitución eran mujeres en situación de vulnerabilidad y consumidoras de drogas, que estaban en esa situación para cubrir su demanda o la de su compañero. Pero lo que me sigue escandalizando es que el 99% de las personas en prostitución son mujeres, o sea, decir que hay hombres que se prostituyen es prácticamente un mito. Los demandantes son hombres y un factor común a todas ellas es la vulnerabilidad. Siempre digo que la mayor parte están forzadas por las redes de trata o por la necesidad. Ante esa posible voluntariedad entre las partes, para la gente que dice que las mujeres están en prostitución voluntariamente, yo siempre digo que la necesidad no es un factor de voluntariedad, porque cuando no existen otras opciones resulta difícil ser libre. Me sorprende que muchas veces hayan sufrido violencia o abusos sexuales por parte de algún miembro de la familia o conocido cuando eran menores de edad; algunas empezaron a ejercer siendo menores, y hay un elemento muy importante, que es, en el caso de las mujeres extranjeras, la irregularidad administrativa. Es decir, el no tener permiso de trabajo o residencia hace que muchas mujeres se vean abocadas a la prostitución, más allá de que estén metidas en redes de trata o no.

¿Le ha costado que las mujeres participen en el estudio, hablar con ellas?

Sí, porque estudiar este tipo de fenómenos requiere mantener la confidencialidad más absoluta porque la vida de muchas de ellas peligra y requiere tener una ética profesional intachable. Realmente nos ha costado porque usamos una metodología diversa, compleja… No hemos querido entrevistar solo a mujeres que estén en la calle, sino también en pisos, en casas, en clubes, mujeres que trabajan para otros y otras y mujeres que están en prostitución de forma autónoma. Acceder en muchos casos a mujeres que están en pisos o en clubes es bastante complicado. Si ya lo es para las ONG que están ayudando a las mujeres y para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, lo es más para nosotras. No es fácil, y además, cuanto más vulnerable y cuanto más maltratada está la mujer, más difícil es acceder a ella. Pero lo curioso es que, utilizando esta metodología y alternándola en distintos contextos, el 99% de las mujeres declara que no quiere morirse en prostitución. Prostituyéndose nadie se hace rica. De hecho, ninguna tiene propiedades ni inversiones, y una mayoría de ellas ha sufrido violencia en la infancia o en el ejercicio de la actividad por parte de un proxeneta o de un cliente.

¿Consiguen abandonar la prostitución en algún momento?

Sí. Yo creo que uno de los asuntos que se tienen que plantear las administraciones públicas es hacer políticas públicas de prevención, de disuasión de la demanda, pero sobre todo de atención a estas mujeres, porque las organizaciones sociales que están trabajando con pocos medios con estas mujeres están logrando rescatar a bastantes mujeres de las redes de trata o de la precariedad, y sí que hemos conocido casos de mujeres que han abandonado la prostitución o que manifiestan mayoritariamente su deseo de abandonarla en un futuro.

La actividad, tal y como recoge el estudio, se está trasladando de la calle a pisos y clubes, lugares más difíciles de controlar. ¿Cuáles son las consecuencias de esos cambios de ubicación?

Es verdad que la que más se ve es la prostitución de la calle, y quizás es la que más se cuestiona por parte de las comunidades o de los agentes políticos. Pero realmente ahora el negocio se está moviendo principalmente en establecimientos como clubes, casas y pisos, de los que es difícil identificar su ubicación y muy difícil acceder a ellos. Están proliferando bastantes pisos en entornos urbanos y son de muy difícil acceso. La prostitución minoritaria, en el caso de Canarias, es la de la calle, localizada en espacios muy pequeños y con un número minoritario de mujeres.

La publicación del estudio tuvo bastante repercusión en medios, pero ¿ha habido algún avance por parte de las administraciones públicas, se ha dado algún paso para solucionar este problema?

Yo soy muy positiva y creo que el mayor avance es que el Gobierno de Canarias, y en este caso el Instituto Canario de Igualdad, haya planteado al menos conocer la situación y también la de los profesionales que las atienden. En la fase que vamos a iniciar, además la situación de los demandantes. Creo que, cuando una administración pública se plantea hacer un estudio, es por algo, no solo por saber. Entiendo que el Ejecutivo de Canarias lo tiene muy difícil si el Gobierno de España no hace absolutamente nada, ninguna política pública de atención a las mujeres en situación de prostitución ni de disuasión de la demanda… Es decir, no se ha hecho una ley para abolir la prostitución, como en Suecia o Noruega. Canarias lo tiene complicado, igual que otras comunidades autónomas, pero creo que Canarias va a seguir en la línea de otras comunidades que, aunque no hay una ley estatal en ese sentido, sí pueden establecer políticas públicas para apoyar a las organizaciones sociales que están atendiendo a las mujeres, para sensibilizar a la población, para prevenir e incluso diría que para establecer políticas de disuasión de la demanda, aunque eso sea competencia del Estado. Creo que sí se pueden hacer cosas y confío en que el Gobierno de Canarias vaya en esa línea de respeto a los derechos humanos, de respeto a las mujeres, porque además en Canarias tenemos una de las leyes más progresistas del Estado español, la Ley 16/2003 (que se aprobó antes de la Ley contra la Violencia de Género), en la que uno de sus artículos establece que la prostitución es una forma de violencia de género contra las mujeres. Por lo tanto, si se considera una forma de violencia, habrá que buscar los mecanismos para prevenir y para intervenir ante esas situaciones.

¿Qué le parece la publicidad de la prostitución, en los periódicos, por ejemplo?

Una de las líneas de trabajo que tenemos en nuestro proyecto desde hace años, en la ULL, es la cuestión de los anuncios de prostitución en prensa, que aparentemente están disminuyendo. Eso puede hacer pensar que ha aumentado la sensibilidad de los periódicos sobre este asunto, pero nuestra hipótesis es que en absoluto se trata de eso, sino que se está trasladando el negocio a los anuncios a través de internet: son interactivos y el consumidor resulta impune porque este puede contactar a través de su ordenador doméstico. A mí me parece que es una excusa por parte de los medios de comunicación y creo que ningún medio que se precie de calidad puede ofertar ese tipo de anuncios donde aparecen imágenes cosificadas, mercantilizadas y degradantes de las mujeres. Sí que es verdad que con el Gobierno de Zapatero se intentó prohibir estos anuncios de prostitución y hubo una negociación. Los principales periódicos nacionales argumentaron que pedirles a ellos prohibir esa publicidad que tanto dinero les da no tiene sentido si no se prohíbe la actividad. Creo que hay argumentos jurídicos y éticos para prohibir esta publicidad, porque además constituye un peligro para la infancia, ya que cualquier niño o niña puede acceder a un periódico y ver esas imágenes. Si la prensa tiene una labor educativa, de comunicación y de creación de opinión, si es de calidad, no puede publicitar esa actividad. Creo que la autorregulación no ha funcionado, así que, si no hay una ley que lo prohíba, va a seguir publicitando la prostitución mientras dé dinero, aunque esos anuncios atenten contra la imagen de las mujeres.

¿Qué opina del modelo holandés?

Lo enfocaría más sobre cuáles son los resultados del modelo holandés. Yo, como científica, lo único a lo que me puedo atener es a los resultados. La regularización lo que ha conseguido en Holanda es, lejos de mejorar la situación de las mujeres, aumentar el número de mujeres en prostitución. Se estimaba que disminuiría el número de mujeres en redes de trata y subiría el número de mujeres regularizadas, pero esto no ha sido así. Ha ocurrido todo lo contrario: han aumentado las redes de trata y son pocas las mujeres que quieren darse de alta como prostitutas. No han disminuido ni la demanda ni la violencia contra las mujeres. Así, los resultados no son muy positivos ni para las mujeres ni para la disminución de la demanda. Desde una perspectiva de los derechos humanos, se entiende que demandar sexo es una forma de violencia de género, y el sexo en prostitución no tiene nada que ver con la sexualidad, porque el objetivo de esta última es disfrutar, y en el sexo prostitucional uno demanda y ordena, y el otro obedece y no disfruta.

¿Ha empeorado la situación respecto a hace unos años?

Han aumentado las cifras. Vivimos en una sociedad mercantilista en la que lo principal es consumir y dentro de ese esquema se ha incorporado la mercantilización de las mujeres. Es una sociedad hipersexualizada donde las tecnologías de la información están permanentemente proyectando imágenes de mujeres cosificadas y sexualizadas. Los niños desde muy pequeños están en las redes viendo eso y tienden a normalizarlo, como la violencia. Ir a un club se convierte en una actividad de ocio mercantil absolutamente normalizada. La crisis ha provocado un mayor reclutamiento de mujeres para la prostitución, pero es curioso porque la crisis no ha bajado la demanda. Lo único que ha bajado es el importe que se paga, con lo que se han precarizado las condiciones de las mujeres. La situación de las mujeres es ahora mucho peor.

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