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El Ayuntamiento de Palafolls se plantea blindar las zonas donde proliferan mujeres que ofrecen servicios sexuales en la N-II
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Barreras de hormigón contra la prostitución

Barreras de hormigón contra la prostitución

  • El Ayuntamiento de Palafolls se plantea blindar las zonas donde proliferan mujeres que ofrecen servicios sexuales en la N-II

“Lo hemos intentado todo, pero no nos hacen caso”. Así razona el alcalde de Palafolls (Maresme), Valentí Agustí (PSC), la decisión de impedir el acceso a las zonas de la N-II donde habitualmente se ejerce la prostitución. Las quejas de los vecinos han provocado la reacción municipal y se plantean instalar barreras de hormigón del tipo Nueva Jersey en los puntos donde se asientan las mujeres.

Desde que han finalizado las obras de la N-II vuelven a proliferar las prostitutas. Si bien ya no se colocan en el arcén para evitar las sanciones de las patrullas de tráfico, ubican sombrillas y sillas como reclamo, mientras esperan pacientemente a unos metros. En estos puntos, de fácil acceso y salida, el Ayuntamiento de Palafolls colocará blindajes que dificulten las transacciones sexuales que disparan las quejas del vecindario e intentará evitar que los clientes puedan estacionar sus vehículos.

 Ahora no son más de diez, frente la veintena de prostitutas que había hace un año. Muchas han optado por trasladar su ubicación a otras poblaciones como Maçanet, donde proliferan los puntos de sexo. En Palafolls los más conflictivos se localizan en la rotonda de acceso a la C-32, en el nuevo giratorio de acceso a la urbanización Mas Reixac y en ambos laterales de la carretera, en la zona más próxima al núcleo urbano.

Los vecinos de la urbanización Mas Reixac están hartos de soportar esta situación. Aseguran que no tienen nada contra la prostitución, aparte de “algunas cuestiones morales”, aunque admiten que les preocupa el deterioro de la imagen de su municipio, Palafolls.

“¿Cómo le explicas a un niño de 4 años lo que están haciendo esas muchachas encima del capó de un coche a plena luz del día?”, se pregunta una vecina, una de las residentes que ha suscrito las quejas ante el Consistorio. El argumento ha convencido al alcalde, aunque con el corazón dividido, ya que profesionalmente forma parte de una entidad psiquiátrica que ofrece ayuda a las prostitutas.

Valentí Agustí conoce muy bien el perfil de las mujeres que ofrecen servicios sexuales en la N-II. “No son muchachas sometidas por las mafias, ni generan problemas de civismo” insiste, sino más bien “prostitutas que tienen una clientela habitual y que no quieren trasladarse a un piso” porque creen que les bajarán los ingresos.

Así, los intentos de negociación directa del Ayuntamiento con las pros-
titutas “ha fracasado”, igual que las peticiones para que se muestren menos
visibles a los viajeros.

La imposición de sanciones “no ha funcionado”, admite el edil Palafolls, ya que “todas se declaran insolventes” para evitar el pago. Tampoco ha causado el efecto deseado la presión sobre los clientes “que, aunque se apresuran a pagar”, repiten experiencia. Por ello, la solución, según el gobierno de Palafolls, es dificultar al máximo el trabajo de las prostitutas para que acaben abandonando el lugar, aunque sea a costa de traspasar el problema a otros municipios. En Tordera, sin embargo, fuentes municipales declaran “no tener este problema de ocupación de las vías públicas”. Lo solventaron tras una expeditiva campaña sancionadora, tanto a clientes como a prostitutas. Un hecho que, junto a las obras en la carretera, contribuyó a erradicar la problemática.

En paralelo, en Mataró, la capital del Maresme, el gobierno municipal también ha iniciado una ofensiva contra los prostíbulos que se ubican en viviendas. Fruto de las investigaciones policiales y la colaboración ciudadana ya han conseguido clausurar dos burdeles.

En ambos casos, las corporaciones locales coinciden en exigir una mayor complicidad de las administraciones supramunicipales, sobre todo del Departament d’Interior, que cuenta con competencias plenas en esta materia.

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